Galones de agua y comida en lata abajo la sombra de un árbol en el Valle del Altar / Adrian O'Farrill
Después del solsticio, No Más Muertes deja cientos de galones de agua en el Az desierto
By: Adrian O'Farrill

Dos días después del solsticio de verano — el día más largo del año — dos docenas de voluntarios con No Más Muertes dejaron 364 galones de agua en el Valle del Altar, a unas 33 millas al suroeste de Tucson.

Como un rosario, las botellas fueron colocadas en una línea cerca del arroyo remoto, donde se sabe que atraviesan migrantes que intentan evadir el poste de la Patrulla Fronteriza en la Carretera 286, entre Sasabe y Three Points.

Durante los días anteriores, las temperaturas se dispararon a dígitos triples, pero el domingo trajo un alivio: a las 11:45 a.m., la temperatura en el valle estaba a 95 grados.

Desde su creación en 2004, los voluntarios de No Más Muertes han dejado agua y comida en el desierto con el intento de salvar vidas y mitigar el daño causado por políticas fronterizas cada vez más estrictas. El grupo también mantiene el Campamento Byrd, donde ofrecen apoyo médico y ropa a las personas en un terreno cerca a Arivaca, Ariz.

El año pasado, los voluntarios dejaron 13,096 galones de agua en el desierto, dijo Ary Ospina, organizadora de No Más Muertes.

La noche anterior, los voluntarios dibujaron en los galones en Las Milpitas Community Farm / Adrian O'Farrill
Ospina dijo que el plan de dejar agua este domingo formaba parte de un esfuerzo mayor para envolver a la comunidad con el trabajo de No Más Muertes e incluyó a casi una docena de voluntarios primerizos. El viernes fue el solsticio de verano, con 14 horas de luz en el sur de Arizona y temperaturas que alcanzaron los 105 grados.

“Esto marca el comienzo de los meses de verano, cuando ocurre una gran parte de las muertes en el desierto,” le dijo Ospina al Tucson Sentinel.

Desde la década de 1990, bajo la administración Clinton, más de 8,600 personas han muerto intentando cruzar la frontera entre EE. UU. y México. En Arizona, funcionarios federales, humanitarios y policías locales han recuperado los restos de 4,384 personas.

Defensores han llamado a los desiertos de Arizona “el cementerio de los desaparecidos,” discutiendo que las políticas estadounidenses, específicamente el concepto de “prevención mediante disuasión,” son las causantes de estas muertes.
Jason de León, profesor de arqueología y antropología en UCLA, describió el desierto como una “Tierra de tumbas abiertas” en su libro, explicando cómo los restos son desmembrados por buitres y otros animales, mientras que el calor y el sol degradan los huesos.

En 1994, la comisionada del Servicio de Inmigración y Naturalización de EE. UU., Doris Meissner, delineó el futuro de la aplicación de la ley fronteriza con un plan estratégico basado en la “prevención mediante disuasión.” Uno de sus pilares era el uso de cercas e infraestructura en rutas “tradicionales de entrada y contrabando,” para forzar a las personas a cruzar por terrenos más hostiles y difíciles. 

La póliza asumía que al forzar que los migrantes crucen por las zonas más extremas del desierto, dejarían de intentarlo. En cambio, los migrantes se enfrentaron a viajes más peligrosos por los espacios áridos y vacíos de Arizona, donde es imposible llevar suficiente agua y se soportan temperaturas abrasadoras.

Durante la última década, los contrabandistas también cambiaron de táctica. En los años 90 y principios de los 2000, grandes grupos eran guiados por “coyotes” de fuente de agua en fuente. Ahora, los guías dan instrucciones remotas a través de redes sociales, manteniendo a los grupos en movimiento. Migrantes heridos o que se retrasan pueden ser abandonados, sin comida o agua. 

Entre 2023 y 2024, las leyes de migración cambiaron: miles de solicitantes de asilo, excluidos del acceso formal en los puertos de entrada, optaron por cruzar áreas remotas, como un tramo desértico al este de Sasabe. Justo antes de Navidad de 2023, voluntarios de No Más Muertes ayudaron a docenas de migrantes congelados.

La migración también se ha desplazado hacia una parte desolada de New México, después de que Texas —incluida la ciudad de El Paso— expandiera la Operación Lone Star, obligando a los migrantes a zonas aún más inhóspitas.

Para 2024, el sector de El Paso se convirtió en el más letal de toda la frontera EE. UU.-México, reportó el Texas Tribune y Source New Mexico. El marzo pasado, No Más Muertes publicó un mapa que mostraba casi 15 años de muertes en ese sector y denunció que las autoridades estaban descontando las muertes.

Entrando al Valle del Altar, unas 33 millas al suroeste de Tucson / Adrian O'Farrill
Ospina enmarcó la entrega de agua dentro de una iniciativa civil: “definida como el derecho y la responsabilidad de las organizaciones civiles de proteger y asistir directamente a sobrevivientes de violaciones de derechos humanos cuando el gobierno es el violador,” dijo Ospina.

Aunque No Más Muertes ha hecho trabajo que sus miembros llaman “salva vida,” han enfrentado procesamientos legales por dejar agua y comida en el Refugio Nacional de Cabeza Prieta — aunque luego se revocaron sus condenas. Además, Scott Warren, profesor en la Universidad Estatal de Arizona, fue acusado de albergar a dos hombres en “The Barn,” un edificio deteriorado en Ajo. Sin embargo, dos jurados se negaron a condenarlo, obligando a los fiscales a abandonar el caso en 2020.

Este fin de semana, cuatro equipos cargaron camionetas 4x4 con cajas llenas de galones de agua, y las dos docenas de voluntarios manejaron por caminos de tierra en terrenos administrados por el estado de Arizona. Una brisa los recibió al llegar, justo al pie de colinas negras salpicadas de saguaros.

“Mientras caminamos, vamos a dejar agua continuamente,” dijo Ospina. “La idea es que más personas puedan acceder al agua porque esta no es una zona donde sabemos que mucha gente cruza, así que al esparcirla dejamos más oportunidades para que alguien la encuentre.”

Los voluntarios caminaron millas por el desierto / Adrian O'Farrill
La noche anterior, los voluntarios se reunieron en Las Milpitas Community Farm, donde dibujaron mensajes inspiradores en las botellas de plástico, incluyendo frases amigables en español y dibujos de animales—un gesto para mostrar que el agua es un acto de caridad en un paisaje peligroso.

El domingo, Ospina sacó galones, uno por uno, de un Dodge Ram maltrecha y se los pasó a cuatro voluntarias más — dos con años de experiencia y dos primerizas.

Las cinco mujeres llenaron sus mochilas, amarraron galones por fuera y cargaron dos botellas de 8 libras en cada mano. Paige Corich Kleim, voluntaria de largo plazo, también cargaba una caja de plástico con latas de frijoles, atún y unas botellas de Gatorade verde.

Entonces comenzaron la caminata, atravesando paso entre espinas de cactus y la arena seca del wash. 
Para los migrantes que caminan por el desierto, hay una matemática brutal, “No se puede físicamente cargar toda el agua necesaria para sobrevivir sin reabastecerse,” dice No Más Muertes. 

Un estudio de UCLA de 2021 halló que migrantes —especialmente mujeres embarazadas— podrían necesitar hasta tres galones diarios, lo que equivale a cargar 24 libras de agua al día en una caminata de varios días entre Nogales y Three Points.

Aunque las detenciones en la frontera han disminuido desde junio pasado, las autoridades han recuperado 156 restos humanos en el desierto de Arizona en el último año. En su mayoría son restos esqueléticos, lo que dificulta determinar la causa y fecha de muerte.

Los voluntarios de No Más Muertes dejaron 364 galones de agua dos días después del solsticio de verano / Adrian O'Farrill
“Esta es nuestra manera de reconocer cuántas personas mueren y desaparecen en el desierto,” dijo Ospina. “Hicimos una línea de agua para llegar a más personas," añadió, señalando que los patrones migratorios han vuelto a cambiar, sobre todo después de la construcción de barreras fronterizas durante la administración Trump, que empujaron a los migrantes “a zonas más remotas y letales del desierto.”

“Ahora, más personas cruzan sin guía. Pueden estar dispersas y solas en el desierto,” explicó.

Ospina también expresó su preocupación de que, a medida que la administración Trump avanza con las deportaciones, incluso de residentes de larga data con vínculos profundos en EE. UU., más personas intentarán regresar por el paisaje peligroso y solitario.

“Nos estamos preparando para la inevitabilidad de que más personas intenten volver a EE. UU.,” dijo Ospina. “Hay tanta violencia contra las comunidades migrantes. No podemos proteger a las personas, pero sí podemos dejar agua en el desierto para reducir el daño de la militarización y la violencia estatal.”

El sol se alzaba más alto, trayendo un calor seco y sofocante, pero el grupo no se detuvo. Para el mediodía, las cinco mujeres habían caminado varias millas a pie y dejaron 90 galones de agua. A lo lejos, otros equipos se dispersaron en distintas direcciones.

En el desierto, las voluntarias caminaban bajo el sol abrasador, y la tierra cubierta de espinas y hojas verdes, y parches de cholla.

Cada ciertas yardas, dejaban un galón de agua y una lata de frijoles a la sombra de un mesquite, colocados allí para esperar con paciencia la llegada de alguien que lo necesite, en un futuro incierto.​​​​​​​